
Desde el martes, desde la punta del pequeño acantilado, la ves en el agua y la deseas, entonces, de pie en la punta, sabes que tienes que dar el salto porque la ves y la deseas, aprietas los párpados para no verte por dentro, oyes nada, oyes todo, respiras hondo, y no la ves pero sabes que la deseas, por eso te lanzas, de hecho, 5 metros tampoco son tantos, otras veces habías arriesgado mucho más; mmm... un respiro y un salto de valiente que cuando acaricias el agua salpicas chispas de sonrisas y en el momento de abrir los ojos ella te aprieta y te libera el más fuerte de los abrazos, ya vuelves a respirar tan hondo y tranquilo que puedes escuchar el latir de los dos corazones y quién te dice ahora, que no puedes leer el mar...?